COLUMNA INVITADA

A prueba cada vez nuestra forma de estado

Tenemos en la patria gobiernos de diferentes colores e, incluso, diferentes idiosincrasias

Enrique Quiroz Acosta/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

Es un lugar común entre expertos e interesados que una de las definiciones más importantes como “Estado Mexicano” desde sus orígenes fue el federalismo. El propio desarrollo histórico del país nos lo recuerda constantemente. Simplemente las batallas en diferentes frentes y escenario fueron sede de esta definición: ser centralista o ser federalista. Se han establecido en la patria los dos modelos. No ocurre en cada Nación, pero en nuestro caso, claro que basta una mirada para observar la identificación de los conservadores con la forma centralista y, por su parte, a los liberales, con la forma de Estado Federal. No es extraño.  El régimen de la Colonia, obviamente centralista, estaba representado por intereses centrales, empezando por aquella Iglesia católica y la Corona española. Los valores de libertad y aspiración genuinamente democrática se ubicaban del lado de los liberales. 

Durante décadas, se ha esgrimido que nuestro régimen federal es una “imitación extra lógica” del régimen constitucional de los Estados Unidos de América. Desde luego que en algún sentido se tomó como modelo, pero con serias y trascendentales diferencias, como sistema jurídico. Basta revisar la distribución de competencias entre federación y entidades federativas. Y ya adentrados en el tema: es totalmente distinta la traducción de las facultades “concurrentes”.  En efecto, en México es más claro y contundente y en la Unión Americana es ambigua y fortalece de origen en mayor medida a los estados miembros de la Unión.  

La explicación histórica ilustro. El origen de aquella nación es “centrípeta”, dado que a partir de las colonias inglesas se llegó a cada estado, los cuales crearon el centro de la Unión, es decir, a la federación. En el caso de México, el fenómeno fue “centrifuga”, así de la colonia centralista a la creación de cada estado, formalmente a partir del constitucionalismo de 1824.

Lo que es más claro en nuestro país es el severo centralismo que se ha vivido en la práctica durante más de un siglo, más allá de las constituciones federales respectivas. 

El régimen federal es muy complejo. En nuestra nación, así lo dejó claro Fray Servando Teresa de Mier. Pero como tal vez diría el gran jurista Sergio García Ramírez, es “a la mexicana”. Sí, nuestro federalismo es de “cooperación, coordinación y concurrencia”. Se pone a prueba a cada momento desde sus repetidas “instalaciones”.  En época de severa crisis, el asunto es aún más complejo. Hoy podemos observarlo con evidencia en las facultades coincidentes o concurrentes entre federación y estados. En ellas destacan las materias educativas y de salud

Es elemental que en la pandemia de hoy debemos hacer conciencia y manifestar en actos la indispensable cooperación y coordinación de nuestro federalismo más allá de ideologías e intereses. Tenemos en la patria gobiernos de diferentes colores e, incluso, diferentes idiosincrasias. Estamos todos a prueba y de manera enfática los poderes públicos federal y locales. Al ser tan delicadas, complejas y sumamente trascendentes las materias educación y salud, llegó el momento de demostrar la responsabilidad ante la patria. Es elemental la necesidad y el desafío, es cuestión de vida.

POR ENRIQUE QUIROZ
ABOGADO Y COLABORADOR
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