La factura del pasado

La realidad es que México no produce suficiente gas porque a Pemex, que era el único que podía, no le convenía

La factura del pasado
Jorge Andrés Castañeda/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Esta semana más de cinco millones de mexicanos se quedaron sin luz. Una interpretación simplista, y errónea, de las causas de este apagón podría utilizarse, como lo han hecho los voceros oficialistas, para defender la nueva política energética de este gobierno. Pero en el fondo, esto es consecuencia del monopolio estatal de Pemex durante décadas.

La lógica del gobierno es que los apagones son una prueba irrefutable de que depender del gas texano es una amenaza a la seguridad nacional. Por ende, su deber es defender la “soberanía energética”. Para esto Pemex tiene que retomar su papel preponderante y extraer más gas para no depender del extranjero. El problema es que pensar así durante décadas es lo que nos llevó a donde estamos hoy.

La realidad es que México no produce suficiente gas porque a Pemex, que era el único que podía, no le convenía hacerlo. Pemex, como cualquier empresa petrolera, tiene una cartera de proyectos y recursos limitados. Para definir donde invertir se jerarquizan los proyectos posibles con base en una serie de criterios de rentabilidad que dependen del precio del hidrocarburo y la complejidad del desarrollo.

Durante años los proyectos de extracción de gas (de lutitas o seco) fueron sistemáticamente relegados frente a los proyectos de aceite por una razón muy sencilla. Un proyecto típico de aceite tenía una rentabilidad entre cinco y diez veces más grande que uno de gas, incluso antes de la caída del precio del gas.

Para Pemex no tenía sentido dedicar recursos a proyectos de explotación de gas porque la alternativa eran proyectos de crudo donde ganaba más. Como Pemex no tenía recursos infinitos, pero era el único que podía extraer hidrocarburos, el potencial gasero se quedó
sin explotar.

De haber sido posible, otras empresas habrían estado interesadas en explotar este potencial, los proyectos eran rentables. Pero en esos años, el monopolio de Pemex era intocable y los que hoy detentan el poder bloquearon todos los esfuerzos para abrir el sector.

Para cuando se dio la apertura del sector energético, el boom del shale en Texas y otras partes de Estados Unidos hizo que los precios del gas cayeran, tanto que muchos proyectos de desarrollo de gas que pudieron haber sido rentables, ya no lo eran.

Sí a eso le sumamos las decisiones de este gobierno para revertir la apertura energética como cancelar las rondas y licitaciones de cavernas de almacenamiento de gas sumado a la subinversión en transmisión, pues sí, nos quedamos sin producir gas y dependientes del gas texano.

La salida no es regresar al modelo que nos llevó a esta situación. Sí, dependemos del gas texano, pero no podemos por orden presidencial obligar a Pemex —que ya está en una situación muy difícil— a invertir en proyectos de baja rentabilidad.

La solución pasa por diversificar nuestra matriz energética, invertir en transmisión y en capacidad de almacenamiento. El Estado mexicano, Pemex y CFE tienen recursos limitados, la inversión privada es indispensable. Ojalá el gobierno no estuviera dedicado a ahuyentarla.

POR JORGE ANDRÉS CASTAÑEDA
COLABORADOR
@JORGEACAST

avh 


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