Ternuristas abajofirmantes

Ternurita dieron cuando, en septiembre de 2020 sacaron su “defensa de la libertad de expresión”

Ternuristas abajofirmantes
Hernán Gómez Bruera / Fuera de Tono / Opinión El Heraldo de México

Un grupo de intelectuales públicos, figuras de la sociedad civil, y panistas y perredistas caídos en desgracia han hecho del “abajofirmantismo” su particular forma de oponerse al gobierno de López Obrador opinando sobre todo y en contra de todo.

Es fácil identificarlos porque sus nombres se repiten en todos los desplegados: los Krauze, los Turrent, los Aguilar Camín, los Mastreta, los Castañeda, los Bartra, la Dresser, los Basave...

La práctica de juntar nombres reconocidos para firmar posicionamientos políticos se volvió especialmente influyente durante la transición, cuando sucesivos gobiernos de dudosa legitimidad democrática necesitaban --y hasta imploraban— la validación de los supuestos representantes de la sociedad civil y la intelectualidad.

Frente a un gobierno como el de López Obrador esos nombres probablemente invalidan más que validar. Y esas estrategias no son efectivas porque este gobierno no los necesita para  presumirse legítimo.

¿Porqué persisten? ¿Incapacidad para renovarse o imaginar nuevas formas de incidencia? Alguien tiene que decirles --con el debido respeto-- que dan ternurita.

Ternurita dieron Alfredo Lecona, Diego Luna, Denise Dresser y María Elena Morera cuando en enero de 2019, en el marco de la discusión para crear la Guardia Nacional, emitieron un desplegado para exigir a los legisladores de Morena no atreverse a usar “nuestros nombres” –así decían—“para legitimar el proceso legislativo”. Como si los 13 nombres que firmaron sirvieran para legitimar algo en esta vida.

Ternurita dio ese grupo de intelectuales, periodistas y políticos cuando, no habiendo transcurrido 100 días de gobierno, lanzaron su primer desplegado para decir que acababan de descubrir que “la democracia necesita contrapesos”. Ternurita --mucha ternurita—dio que se anunciaran como un nuevo grupo político y al día siguiente iniciaran los deslindes.

Ternurita dieron cuando en julio de 2020 sacaron su desplegado “contra la deriva autoritaria”, donde llamaban a “recuperar el equilibrio de poderes” y a que “la Cámara de Diputados recobre su papel de contrapeso constitucional al Poder Ejecutivo”, mostrando así una nostalgia frente a un pasado que nunca fue.

Ternurita dieron cuando, en septiembre de 2020 sacaron su “defensa de la libertad de expresión”, donde –en una retórica completamente alarmista-- acusaban que el gobierno de López Obrador practicaba la “censura” y que la única opción que el presidente dejaba a sus críticos era “callarse o dejar el país”. 

Y ternurita han vuelto a dar la semana pasada, al emitir un desplegado en el que voces que supuestamente importan por ilustradas muestran su desinformación y falta de rigor al diagnosticar que el problema de las vacunas tiene que ver con la falta de recursos para comprarlas, cosa que es falsa como lo evidenció Viridiana Rios (https://bit.ly/2N89Hz3).

Pero lo que más ternurita da es que esta gente no se de cuenta de que sus desplegados no solamente no sirven, sino que la suma de sus acciones tal vez solo contribuya a validar la narrativa que al presidente quiere instalar.

 

POR HERNÁN GÓMEZ BRUERA
HERNANFGB@GMAIL.COM
@HERNANGOMEZB

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