El arte de la diplomacia II

“Que él como embajador reconociera el talento de los artesanos y artistas de su país de acogida, despertó una gran simpatía entre muchos mexicanos que a pesar de las agresiones de su presidente, sentíamos cierto alivio”

El arte de la diplomacia II
Julén Ladrón de Guevara/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

La energía que emana de las penumbras, provoca mucha inquietud entre las personas obsesionadas por completar el  rompecabezas que es la historia de la humanidad. Digamos que las sombras son una especie de silencio confortable pero tenso, donde podemos sentir alivio por un tiempo breve, pero después tendremos ganas de prender la luz. Esa clase de oscuridad de la que hablo es como una gota contenida que no termina de caer, pero que al final se precipita en una copa de vino o en una fuente, dejando réplicas circulares, insonoras pero hermosas y por tanto memorables. El silencio y la penumbra son dos armas poderosas; lo fueron para Wagner con Tristán e Isolda, para Sun Tsu con El arte de la guerra, para Armani con sus camisetas negras y para muchos que han sabido aprovechar todas las ventajas de la ausencia de la luz y del sonido conviviendo en equilibrio. Pero este binomio perfecto tiene vida y temperamento propio, porque si lo usas torpemente, como Nixon en el escándalo de Watergate, estás acabado.

 

El mundo de la diplomacia está lleno de equilibristas ejemplares que han salvado el pellejo del planeta entero en momentos terriblemente álgidos, como la crisis de los misiles de 1962. Con toda seguridad, este fue uno de los momentos más peligrosos de la historia de la humanidad, que hubiera sido aniquilada de no ser por los malabarismos de los asesores e intermediarios que salvaguardaron la integridad del planeta y así, la vida de sus propias familias. Como hemos comprobado, a veces los grandes mandatarios tienen poca luz de las consecuencias de sus decisiones, tal vez porque no tienen idea de lo que conlleva existir en el mundo real. Por fortuna, a veces hay alguien con más sentido común que se encarga de desmantelar estos desastres con agilidad mental e inteligencia verbal, y que en muchos casos es un embajador.

 

Los embajadores (en sus mejores versiones) están armados de argumentos razonables y tienen aliados poderosos, cuya amistad ha sido cultivada al calor de un excelente licor y del cobijo de las sombras, con la promesa de que los secretos de ambos lados estarán bien gestionados. En esto pienso cuando me doy cuenta de que lo único que extraño del gobierno Trump es a Christopher Landau, el reciente ex embajador de EEUU en nuestro País. Con la perspectiva de su partida, reconozco en él a una persona consciente de su papel histórico en un momento complejo para nuestras dos naciones, considerando que Trump y AMLO son
difíciles de representar a nivel diplomático y que fueron presidentes al mismo tiempo. Sin embargo, son esas vicicitudes las que dan sentido a su labor de vida, así que debe ser genial estar en medio de ese vértigo de información y de toma de decisiones binacionales. Landau se veía contento en México, lo demostraba haciendo comentarios alegres de las fotos que tomaba con su familia en sus viajes, o en los paseos por los mercados de la ciudad. Que él como embajador reconociera el talento de los artesanos y artistas de su país de acogida, despertó una gran simpatía entre muchos mexicanos que a pesar de las agresiones de su presidente, sentíamos cierto alivio por saber que teníamos un aliado que vería por nuestros intereses, con más cariño que algunos de sus predecesores. También es probable que todo ese despliegue de amor haya sido parte de una estrategia personal para obtener más y mejor información, porque tampoco hay que confiarse de lo que uno percibe cuando tiene hambre de afecto (lo digo como país). En lo personal siempre tengo esa sospecha, pero qué más da. Al final nadie conoce los verdaderos incentivos que mueven a la política internacional, así que prefiero quedarme con el buen sabor que nos dejó el embajador. En este mundo convulsionado por los malos políticos y la pandemia, Landau supo mantener un equilibrio bonachón entre su papel político y su desempeño humano, aun cuando era difícil de justificar su permanencia en el gobierno Trumpista.

POR JULÉN LADRÓN DE GUEVARA
CICLORAMA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@JULENLDG
BGM


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