Buscar vacunas

Seguimos buscando grandes cantidades de dosis para luego distribuirlas quién sabe cómo, y aplicarlas a través de controles que desconocemos

Buscar vacunas
Ezra Shabot / Línea Directa / Opinión El Heraldo de México

La pandemia desatada hace casi un año fue prácticamente una declaración de guerra en la medida en que no existía ni medicamento para contenerla, ni vacuna para prevenirla.

Esto provocó una sorda lucha por encontrar paliativos para evitar una catástrofe sanitaria.

Países con regímenes autoritarios como China, lugar de origen del virus, lograron contener su dispersión interna con medidas represivas, mientras que democracias como Australia y Nueva Zelanda lo hicieron con un alto nivel de conciencia social y un sistema de salud eficiente.

Los aislacionistas como los Estados Unidos de Trump o la Gran Bretaña de Johnson, cometieron todos los errores posibles y se hundieron en un mar de contagios y muertes.

Otras democracias como la española o la francesa tampoco pudieron contener el contacto social, y se siguen debatiendo sobre qué medidas tomar para evitar el crecimiento de la segunda ola de contagios.

Aquellos gobiernos previsores y que además contaban con sistemas de salud sólidos y consistentes, apostaron todo su capital a la producción de vacunas con altos grados de efectividad para su población.

Israel, Estados Unidos, e incluso Gran Bretaña y la Unión Europea pagaron por adelantado a Pfizer y Moderna, y éstos últimos incluso a AstraZeneca, cantidades considerables de dinero como para obtener el ansiado líquido.

Mientras esto sucedía, la estrategia de distribución y aplicación caminaba a pasos acelerados, salvo el caso norteamericano donde Trump y su equipo, desconectados de la realidad tras su derrota electoral, dejaron a la deriva el proceso de vacunación.

Con la llegada de Biden y el retorno del personal científico a la toma de decisiones sanitarias, la velocidad de aplicación de la vacuna logró llegar a un promedio de dos millones de dosis en los últimos días.

Nada de esto sucedió en México.

Los esfuerzos de la Secretaría de Relaciones Exteriores por obtener las vacunas chocaron con un aparato burocrático en una inexistente Secretaría de Salud, que no pagó a tiempo por el producto, y que además se empeñó, después de esto, por adquirir la versión rusa en la vacuna Sputnik, la cual todavía no es aceptada por la Organización Mundial de la Salud ni por algún otro país de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).

Habiendo desmantelado el sistema nacional de vacunación, el gobierno mexicano optó por organizar el sistema de inoculación a través de activistas políticos organizados en los llamados “Servidores de la Nación”, convirtiendo el momento de aplicación de una estrategia sanitaria, en parte de una campaña político electoral.

Por lo pronto seguimos buscando grandes cantidades de vacunas para luego distribuirlas quién sabe cómo, y aplicarlas a través de controles que desconocemos.

La improvisación como método.

 

POR EZRA SHABOT
EZSHABOT@YAHOO.COM.MX
@EZSHABOT

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