OJOS QUE SÍ VEN

La logística ganadora

Lo que no vio López Obrador la noche del 15 de septiembre, ahora se lo regaló su partido político con una logística bien aceitada que tuvo como resultado un zócalo lleno, de puro acarreado, pero finalmente lleno

OPINIÓN

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Jesús Martín Mendoza / Ojos que sí ven / Opinión El Heraldo de México

El discurso de Andrés Manuel López Obrador en el zócalo de la Ciudad de México, con motivo de su tercer año de gobierno, y rodeado de al menos 60 mil simpatizantes, que son los que caben en la plaza pública más grande de nuestro país, provocó un debate que en tiempos priistas ya existía: si los asistentes al evento lo hicieron de manera voluntaria. La evidencia y los datos nos dicen que no.

El llamado “acarreo” es una práctica política que la encontramos en todos los gobiernos y épocas del mundo, pero lo que aquí resalta con descaro y sin vergüenza alguna, es que una práctica propia del pasado, del neoliberalismo, del viejo priismo, hoy lo retoma un político y su partido, que prometieron dejar esas acciones en el pasado.

La realizaron con todo el poder económico del estado con el fin de “mostrar músculo” a una debilitada oposición con miras a los procesos de consulta y electorales del año 2022. Hablo de una logística que en lo personal me sorprendió, porque lo que vimos en el centro de la ciudad el miércoles pasado, lejos de haber sido un acto austero republicano, se trató de una apoteósica fiesta, con música, cantantes de renombre, baile y comida.

Una fiesta no para el pueblo, sino para un presidente que goza de los discursos de campaña, con la plaza pública abarrotada. Lo que no vio López Obrador la noche del 15 de septiembre, ahora se lo regaló su partido político con una logística bien aceitada que tuvo como resultado un zócalo lleno, de puro acarreado, pero finalmente lleno.

En la periferia de la ciudad de México se colocaron pendones que invitaban a la gente a ir al zócalo con transporte redondo, algunos en redes sociales revelaron que les dieron un “lunch” y algunos más atrevidos aseguraron que un billete de 500 pesos llegó a sus manos. Como haya sido, alrededor de 650 vehículos entre autobuses y microbuses llegaron al centro y quedaron estacionados en 20 de noviembre, Pino Suárez y otras arterias.

Era tan claro el acarreo que es fácil observar en video y fotografías como algunos grupos llegaron prácticamente uniformados, con playeras y gorras del mismo color y hasta con porras ensayadas previamente. Un discurso de 75 minutos que describió el México que ve López Obrador y no el de la realidad, ante un conglomerado de personas, la mayoría con cubrebocas, pero sin sana distancia, exponiéndose a un nuevo contagio de Covid-19 cuando la mutación Ómicron hace su aparición en escena. Aunque la fiesta fue para un presidente que día a día disminuye en su aprobación, la nota se la llevó quien diseñó la logística porque esos eventos no se hacen solos.

Corazón que sí siente

Amlo dijo que la inversión extranjera creció como nunca, pero datos de El Financiero revelan al ocho de noviembre que la inversión internacional disminuyó 21 mil millones de dólares. Ya no sé a quién creerle.

POR JESÚS MARTÍN MENDOZA
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