LA ENCERRONA

El avance de los extremos

Lo palpamos con los ejemplos de las elecciones en Alemania, Estados Unidos o en los comicios en Chile y lo seguiremos viendo en las jornadas electorales del siguiente año: el centro del cartesiano política se desdibuja cada vez  más y el pensamiento extremista está tomando el control de las democracias

OPINIÓN

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Adriana Sarur / La Encerrona / Opinión El Heraldo de México

“La historia no se repite, pero a menudo rima” [atribuido a] Mark Twain.

Si bien, las crisis en el sector salud, económicas y de representatividad ya existían alrededor del mundo, la pandemia provocada por la Covid-19 las ha visibilizado y profundizado. Hemos podido observar los cientos de millones de contagios, así como los lamentables millones de decesos y la desnudez de sistemas sanitarios que resultaron insuficientes y, en algunos casos, ineficientes. Del lado económico aún se puede sentir la contracción en la generación y permanencia de empleos, cierres de negocios y una inestabilidad más grave que en la Gran Depresión.

Y, como es sabido, ante las grandes crisis, las demás problemáticas existentes tienden a agravarse y la percepción de las sociedades se ven envueltas en un halo de temor, por lo que gobernantes -y aspirantes al poder-, siempre han querido sacar ventaja de estos miedos e incertidumbre colectiva, con lo que se acentúan y prolongan los riesgos de representatividad, gobernabilidad, gobernanza e incluso pueden llegar a tambalear a la democracia misma.

En la actualidad convulsa que estamos viviendo ya no es una sorpresa escuchar discursos políticos incendiarios en contra de todo, de la migración, del neoliberalismo, de la economía, de la salud, de las formas de gobierno, etc., siempre terminando con la muletilla de “el cambio soy yo”. Lo palpamos con los ejemplos de las elecciones en Alemania, Estados Unidos o en los comicios en Chile y lo seguiremos viendo en las jornadas electorales del siguiente año: el centro del cartesiano política se desdibuja cada vez  más y el pensamiento extremista está tomando el control de las democracias.

En latitudes europeas la extrema derecha gana terreno desde España hasta Hungría, pasando por Suecia, Finlandia, Italia, Austria, Francia o Dinamarca habitualmente enmarcados en sentimientos nacionalistas. Llama la atención los resultados obtenidos por partidos políticos de este corte en países donde su pasado fascista o nazista, aún lastima a gran parte de estas sociedades, como Italia con La liga del Norte abanderada por Matteo Salvini o en Alemania con el AfD que han conseguido posicionarse en las preferencias electorado. En Francia sigue estando vigente la figura ultra conservadora de Marine LePen para las elecciones del 2022 y a esta se le suma el personaje de extrema derecha Eric Zemmour, quien desea firmemente frenar la inmigración puesto que considera que los niños migrantes “son ladrones, asesinos y violadores”, suena un discurso conocido, ¿no?

En América, la derecha conservadora también comienza a obtener resultados positivos en las urnas. Lo vimos con Trump y, ahora en su ausencia con el “trumpismo”, una estela que permanece igual en las calles estadounidenses como en el Congreso. La situación en Brasil corre la misma suerte, Jair Bolsonaro se presentará a los comicios el siguiente año, con el estigma del manejo desastroso durante la pandemia, pero con altos índices de popularidad. Lo sucedido en Chile hace unas semanas, cuando José Antonio Kast, un admirador de Augusto Pinochet, logró el primer lugar de la votación, sigue causando estupor y preocupación.

Así, el arribo de los extremos del espectro político en un mundo aún atemorizado por los efectos pandémicos, solo ahondará la crisis de representación hasta llegar a la “era de la autocratización”, como lo menciona Varieties of Democracy, una organización que monitorea el desarrollo global de la democracia. Hoy el mundo se enfrenta con líderes que no creen en la democracia como un valor fundamental para la vida de las y los ciudadanos, quienes creen que las personas migrantes son delincuentes y que el proteccionismo económico será la panacea. Esto jamás ha sido la solución, observemos los ciclos de la historia para no repetirla.

POR ADRIANA SARUR
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@ASARUR

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