ARTE Y CONTEXTO

Betsabée Romero, tejedora de vidas

México es un país al que le gusta entrarle a estos eventos y por lo general invita a grandes artistas visuales para que realicen el diseño del pabellón que nos va a representar

OPINIÓN

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Julen Ladrón de Guevara / Arte y Contexto / Opinión El Heraldo de México

Hace 170 años se inauguró en Londres la primera Exposición Universal. Resulta que de forma extraña, los ingleses reconocieron que los franceses habían tenido una buena idea al realizar sus exposiciones nacionales así que las tomaron como ejemplo, cambiaron un poco el concepto y en 1861 inauguraron la "Gran exposición de los trabajos de la industria de todas las naciones". El anfitrión quería demostrarle al mundo que el suyo era un país de vanguardia, así que mandó construir el centro de exposiciones de esta feria internacional con la consigna de que reflejara el espíritu de la época. El proyecto corrió a cargo de Joseph Paxton, experto en el diseño y construcción de invernaderos. La propuesta de este mago de la ingeniería arquitectónica fue un palacio de cristal inmenso, con apariencia frágil pero con una estructura dúctil; algo tan irreal como hermoso.

Para entonces era inconcebible una estructura semejante pero gracias a 3,800 toneladas de hierro fundido, 700 toneladas de hierro forjado y 83,612 metros cuadrados de vidrio entre otros materiales, el “Crystal Palace” se convirtió en el espejo de una Inglaterra que avanzaba sin miedo hacia un futuro próspero e industrializado. Entre otras cosas, con esta exposición se abrió la era del turismo moderno, porque fue la primera vez que se ofrecieron paquetes de viaje con alojamiento incluido.

A la de Londres le siguieron varias muestras similares pero en 1933, la visión de las subsiguientes exposiciones universales se transformó porque el mundo pensaba entonces que la innovación tecnológica debía impulsar la comunicación entre las distintas culturas para aspirar a un mundo mejor.

Para 1988 el concepto de universalidad cultural de la primera mitad del siglo había cambiado, dando paso a la era de la marca-nación. Las naciones participantes estaban interesadas en publicitarse como si fueran una marca registrada y con esta idea, el evento se transformó en una plataforma de relaciones públicas para los distintos países, útil para mejorar su imágen frente al mundo a través de la muestra de sus nuevas tecnologías y de los inventos innovadores.

Hoy en día el concepto de “Exposición Universal” tiene un poco de todo lo anterior, y la importancia de contar con un pabellón vistoso donde los visitantes puedan conocer al país representado sigue vigente. La agenda incluye temas de importancia vital como el cambio climático, la responsabilidad social, el empleo de los desechos y la migración entre otros que deben ser observados de manera colectiva cada vez que haya oportunidad.

Este año Dubai es la sede de esta exposición que ya es una tradición planetaria donde participan 192 naciones, la nuestra incluida. México es un país al que le gusta entrarle a estos eventos y por lo general invita a grandes artistas visuales para que realicen el diseño del pabellón que nos va a representar. Esta vez los organizadores tuvieron el tino de encargar dicha tarea a Betsabée Romero, una extraordinaria artista contemporánea, con experiencia en muestras internacionales y con una visión de largo alcance. Desde mi perspectiva “Tejiendo vidas”, la propuesta de Betsabé, fue la realización de una pieza que hablara de lo que necesitamos como país y de cómo podemos lograrlo. Es decir, la artista concibió una pieza que recubriera por fuera el pabellón, tejida a mano por cien artesanas de Etzatlán (Jalisco) para representar la unión, los lazos, el talento, la conexión perfecta de la naturaleza, el hombre y el cosmos, con la que México quiere mostrarse dentro y fuera de sus fronteras. El ejercicio de tejer es como el de realizar un objeto de arte porque es un trabajo manual, un acto solitario que si se ejecuta en colectivo, genera una comunión y un sistema de comunicación difícil de explicar. Al parecer, la confección de “Tejiendo vidas”  fue una catarsis para las mujeres tejedoras, porque al igual que las que no sabemos tejer, tenían algunos duelos pendientes que resultaron menos difíciles de padecer gracias a esta labor en conjunto.

El resultado final es una obra que sí nos representa y de la que podemos sentirnos orgullosos como país, además la gente volteó a ver a la artista y a las artesanas jaliscienses gracias a una labor ardua y compleja; a través de este trabajo ellas (que somos todas y todos en realidad), lograron ser escuchadas. “Tejiendo vidas” es un mensaje de amor al prójimo en un lenguaje universal, como lo es el arte, donde nos invitan a armonizar con el universo reconociendo valores como la compasión y la empatía, para que podamos florecer como humanidad.

POR JULÉN LADRÓN DE GUEVARA
CICLORAMA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@JULENLDG

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