LÍNEA DIRECTA

Dos caras

La cara que presentó AMLO en la Unión Americana es totalmente opuesta a aquella otra que, ante la ciudadanía mexicana, expone diariamente el primer mandatario en su tradicional mañanera

OPINIÓN

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Ezra Shabot / Línea Directa / Opinión El Heraldo de México

La habilidad de presentar discursos adecuados a cada público o interlocutor es una cualidad inherente a todo político que se considere un profesional de esta actividad. Poder generar empatía ante el grupo al que se dirige,aunque esto implique contradecir sus propias creencias o proyecto, es parte esencial del ejercicio del poder.

Pero como todo en la vida, hay que saber hacerlo bien. Saber presentar distintas caras, e intentar que ellas no se encuentren entre sí para mostrar sus contradicciones e incoherencias, es la clave para evitar ser desenmascarado ante aquellos que confían en aquel que proclama la solución a los problemas de la nación entera.

Sin embargo la construcción de liderazgos carismáticos vinculados a propuestas autoritarias, ha venido desvaneciendo la relación entre la cara presentada por el político y la realidad que lo contradice. El discurso pronunciado por López Obrador en la reunión de los Tres Amigos en Washington donde exaltó la configuración de una zona de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá y denunció a China no sólo como un adversario comercial, sino como un potencial enemigo capaz de utilizar la fuerza para lograr sus objetivos, habla de un proyecto globalizador y neoliberal que no se ajusta al discurso interno del tabasqueño.

La cara que presentó AMLO en la Unión Americana es totalmente opuesta a aquella otra que, ante la ciudadanía mexicana, expone diariamente el primer mandatario en su tradicional mañanera. La defensa de los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela, la reforma eléctrica propuesta por Morena, e incluso las acusaciones pronunciadas por el presidente en Naciones Unidas contra los países acaparadores de vacunas, van en una línea opuesta a lo formulado en Washington, al menos ante la opinión pública.

Hemos llegado al punto en donde lo que un día se afirma como válido al próximo día se desmiente sin consecuencia alguna. La popularidad del Presidente no responde a la cara que presenta ante la sociedad, sino a una figura cuyo manejo de imagen y arrastre popular hace que su discurso simplista y contradictorio no demuestre la cara opuesta de lo que en realidad está proponiendo. Por supuesto que otros funcionarios lo intentan, como es el caso de López Gatell, pero al carecer del potencial carismático del mandatario, el resultado es notoriamente negativo.

Hasta ahora, la parálisis económica que vivimos no ha afectado la popularidad presidencial, ya sea por los recursos distribuidos directamente a millones de personas, o por la estabilidad de precios que ahora comienzan a dispararse. En todo caso las dos caras, la de la realidad y la del discurso presidencial están por encontrarse.

POR EZRA SHABOT
EZSHABOT@YAHOO.COM.MX
@EZSHABOT

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