COLUMNA INVITADA

UNAM: verdad y libertad

La defensa de la UNAM, de su legado y autonomía, está históricamente vinculada a los movimientos estudiantiles, al desarrollo democrático del país

OPINIÓN

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Salvador Guerrero Chiprés/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Foto: Especial

La defensa de la UNAM, de su legado y autonomía, está históricamente vinculada a los movimientos estudiantiles, al desarrollo democrático del país y a las voces críticas surgidas desde el interior mismo de la máxima casa de estudios, ajenas a las voces trepadas en un tren que hace 34 años despreciaban. 

Un primer indicador de la ajenidad de los nuevos críticos respecto de los señalamientos presidenciales, una clara señal de su distancia con la vida universitaria, es que no están respaldados por ningún movimiento estudiantil o popular. 

La clasificación del QS World University Rankings 2022 ubica a la UNAM en el primer lugar a nivel nacional de universidades, entre las 105 mejores del mundo y la mejor en América Latina, asociada con su ánimo por el debate y el perfil de nuestra animosidad ideológica frecuente. 

Es tan indiscutible su diversidad, su aportación al país como la realidad del predominio, alternativamente y con altibajos, de narrativas progubernamentales así como la resistencia a ellas. 

Curiosamente no hay una expresión o acompañamiento masivo de las críticas a la sugerencia de Andrés Manuel López Obrador de reformar la UNAM. 

Los movimientos estudiantiles la han marcado. En 1968, la represión del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz aplastó el movimiento. En 1987, cuando gobernaba Miguel de la Madrid, las y los estudiantes reaccionaron ante la propuesta de aumento de cuotas incluida en el documento de Jorge Carpizo, el rector de entonces, en “Fortalezas y debilidades de la UNAM”. 

La movilización del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) llevó a un paro en la UNAM y a la revocación de las reformas. Uno de los liderazgos más activos estaba personificado por Claudia Sheinbaum Pardo. Tiene autoridad para llamar hipócritas a quienes respaldaban a Carpizo entonces. 

El PRI y PAN definieron sus posturas ante la huelga y el movimiento estudiantil. El Revolucionario Institucional llamó a reanudar las clases y respaldó las reformas de Carpizo, en tanto que Acción Nacional cuestionó la legitimidad del CEU por apoyarse en grupos extrauniversitarios.  

En el extremo, la Unión Nacional de Padres de Familia pidió a las autoridades utilizar la fuerza pública para disolver el movimiento estudiantil. 

Ahora, 34 años después, diversas voces que dicen hablar por la Universidad tienen un discurso de defensa a su autonomía y son las mismas que se opusieron al movimiento estudiantil de 1987.   

Esas voces cuestionadoras del presidente, no todas y no de la misma manera, son representadas en la opinión pública por algunas de las mismas trincheras conservadoras que defendieron la necesidad de elevar las cuotas, endurecer los exámenes de admisión y eliminar el pase automático. 

La UNAM, y qué bueno, es parte de su diversidad, ha generado una singular clase crítica integrada por los mismos opuestos a su sesgo popular y masivo en los años 80. Frente a ello, acudamos a un hipotético lema actualizado: “por mi raza hablará la verdad”. 

POR SALVADOR GUERRERO CHIPRÉS

PRESIDENTE DEL CONSEJO CIUDADANO PARA LA SEGURIDAD Y JUSTICIA DE LA CIUDAD DE MÉXICO 

@CHIPRESGUERRERO

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