NOTAS SIN PAUTA

Caso Lozoya, un escándalo sin traducción

El exdirector de Pemex, Emilio Lozoya Austin, es beneficiario de un trato indulgente y permisivo dispensado por la Fiscalía General de la República (FGR)

OPINIÓN

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Arturo Rodríguez García / Notas sin Pauta / Opinión El Heraldo de México

El exdirector de Pemex, Emilio Lozoya Austin, es beneficiario de un trato indulgente y permisivo dispensado por la Fiscalía General de la República (FGR), la institución que, por confiar a ciegas en su información para perseguir a otros funcionarios del sexenio pasado, le permite gozar de libertad no obstante tener probada la recepción de sobornos de la trasnacional brasileña Odebrecht.

El ejemplo más reciente de ese trato sucedió el pasado 27 de agosto, cuando el juez José Artemio Zúñiga Mendoza, otorgó el cuarto aplazamiento a la comparecencia de Lozoya, ante la necesidad alegada por su defensa y la de su parentela involucrada, de tener tiempo para recabar pruebas a su favor y, como parte de eso, traducir documentos del inglés, portugués y alemán, consiguiendo el 3 de noviembre como nueva fecha.

La FGR aceptó sin chistar las condiciones de Lozoya cuyo carácter de imputado, testigo colaborador y denunciante es un galimatías, tanto como lo es la información que la dicha institución ha hecho pública sobre la traducción de documentales.

Por una solicitud de información, realizada por este columnista el 2 de septiembre, se sabe que la FGR (Oficio No. FGR/UTAG/DG/004972/2021) no ha contratado servicios de traducción desde 2018.

Ese año signó nueve contratos por servicios que fueron sólo para traductores del inglés al español y viceversa, empero, exclusivamente para el cumplimiento de tratados de extradición y asistencia jurídica internacional. El asunto de la traducción es relevante para el caso porque los movimientos financieros que son materia de la imputación central así como las testimoniales de ejecutivos de Odebrecht que fueron procesados estelares del brasileño caso “Lava Jato”, en el que se basa el mexicano caso Lozoya, están en portugués.

Además, los sobornos recibidos por Lozoya siguieron una ruta que pasó por Brasil, Alemania y Belice, de manera que las documentales tendrían que ser revisadas por el ministerio público tanto en la integración de la carpeta de investigación como en el desarrollo del juicio que, a un año y medio de la detención del exfuncionario, no termina de empezar.

Ciertamente, en la mencionada comparecencia del 27 de agosto, la FGR admitió que no contaba con traductores. Sin embargo, hace dos años y ocho meses que el asunto va y viene con verdades a medias, omisiones y mentiras.

La primera ocasión en que la FGR aludió a las traducciones fue el 14 de febrero de 2019, fecha en la que emitió una “tarjeta informativa” que justificaba la dilación del “caso Odebrecht” afirmando que habían solicitado “diversos dictámenes en materia de traducción del idioma portugués”, entre los que se encontraban los testimonios de los seis ejecutivos de la trasnacional que en Brasil señalaron a Lozoya.

Por esos días, según la “tarjeta informativa”, la FGR acababa de recibir tres CDs con nueva información financiera de Suiza que contenían un total de 3 mil 239 fojas en alemán, inglés, francés e italiano; en dos semanas y media, esto era, la primera semana de marzo de 2019, aseguraba la fiscalía, terminaría las traducciones y procedería con la indagatoria.

Las dudas son naturales sobre la seriedad de la FGR en su manejo del caso y, por ahora, es imposible saber si la FGR mintió en febrero de 2019, si mintió en la respuesta a la solicitud de información, si finalmente no incluyó traducciones periciales. Pero lo innegable es que ha mentido.

Y lo ha hecho en relación a la imputación central, es decir, la que es verificable: los depósitos de ejecutivos de Odebrecht a cuentas relacionadas con el denunciado Emilio Lozoya Austin quien, en su papel de denunciante, soltó 17 nombres implicados en supuestos actos de corrupción que la FGR atesora y sigue, sin importar las deficiencias.

Entre otras contradicciones, imprecisiones o dichos imposibles de verificar, destacan las mentiras desmontadas por la periodista Lourdes Mendoza respecto a los señalamientos de Lozoya en su contra. Fue ella quien por cierto, audaz, obtuvo y reveló las imágenes del Hunan que, más allá del glamouroso testimonio de libertad reflejan una vez más que la FGR ha sido indulgente y permisiva con Lozoya, el protagonista del mayor escándalo de corrupción de estos tiempos quien, despreocupado, aplaza cuanto quiere el juicio mientras mantiene su ostentosa vida social.

Pd. La falta de traductores a otras idiomas, lenguas y variantes dialectales, implica una injusticia. Los datos oficiales reflejan que, de la población indígena privada de su libertad (poco más de 400 personas por delitos federales hasta enero) casi el 76% no tuvo traductor a su lengua materna en juicio. Hay más: el país debe rondar los 4 mil extranjeros presos de los cuales unos 400 europeos, africanos y asiáticos, no tuvieron traducción.

POR ARTURO RODRÍGUEZ GARCÍA

COLABORADOR HERALDO RADIO

@ARTURO_RDGZ

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