DESDE AFUERA

Trump y los problemas de Biden

El panorama estadounidense ofrece una división política interna brutal, en medio de crisis que son producto de la pandemia de COVID-19

OPINIÓN

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José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México

En el ruido político alrededor de los problemas que enfrenta el gobierno del presidente Joe Biden es fácil perder de vista que una de las principales causas es Donald Trump.

No es tanto que Trump clame todavía que perdió por trampa los comicios de noviembre de 2020, sin más prueba que su convicción personal, o su eco en una audiencia creada por la brutal polarización política en Estados Unidos.

Tampoco es que haya un sector de la población, hoy incrustado en el Partido Republicano y centrado en apariencia en el culto a la personalidad de Trump, con posturas que son calificadas como racistas, y que a fin de cuentas, favorece imaginar y trabajar por un sistema político que asegure su predominio social y económico sobre minorías étnicas y sociales cada vez más grandes, importantes y exigentes.

Si se agrega que Biden y su gobierno, con toda su buena voluntad, no son infalibles, el panorama ofrece una división política interna brutal, en medio de crisis que son producto de la pandemia de COVID-19 y una tradicional falta de confianza en el gobierno y el sistema. Y eso es en buena medida resultado de los cuatro años de Trump, el caudillo político que hoy controla al Partido Republicano, el más antiguo de EU.

No es que el expresidente haya creado los problemas. Los aprovechó en su beneficio y al hacerlo ayudó a ampliarlos y profundizarlos. La derecha nacionalista siempre estuvo ahí, pero nunca tuvo un líder que la legitimara y la hiciera parte de las principales corrientes sociales.

La tendencia estadounidense a enfocar su atención sobre problemas domésticos no comenzó con Trump. Y de hecho, el casi total retiro estadounidense de Irak y la salida de Afganistán empezaron durante el gobierno de Barack Obama, aunque al menos en el caso afgano fue formalmente convenido por el exmandatario.

El problema es que Trump hizo mucho más que eso y prácticamente cuestionó los compromisos estadounidenses con sus aliados en el mundo, de Europa Occidental a la cuenca del Pacífico, Asia y América Latina al mismo tiempo que China, convertida en la segunda potencia económica del mundo, comenzaba una sólida campaña política y económica para establecer su fuerza y asegurar su propio sitio en el planeta.

El resultado práctico de las dudas creadas por Trump y los errores de Biden en sus tratos con aliados europeos —en especial la forma en que se dio la salida de Afganistán—, ha sido la intensificación de llamados al fortalecimiento de la Unión Europea y tendencias a una competencia armamentista en Asia, ante la competencia económica china, los amagos rusos y la debilidad relativa de EU.

Cierto. No todo es culpa de Trump y Biden tiene sus propias faltas a cuestas. El fortalecimiento de China, de Rusia, y de potencias regionales en otras partes del mundo, no es culpa de Trump, como tampoco la polarización interna, pero la forma en que trató a sus aliados, el alejamiento y la desconfianza que profundizó sí lo son.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS.
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM 
@CARRENOJOSE1

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