COLUMNA INVITADA

Dos Bocas: ¿Quién está a cargo?

Aparece una problemática no prevista y que detuvo la construcción un par de días: los conflictos sindicales

OPINIÓN

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Arturo Sánchez Gutiérrez / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

La refinería Dos Bocas no es una obra menor. Es un proyecto que sintetiza la estrategia energética de este gobierno para México. En pocas palabras, la ruta es extraer más petróleo del territorio nacional, refinarlo en nuestras plantas y evitar la importación de gasolinas. La apuesta es fortalecer a Pemex, que monopolice la producción, limpie sus finanzas y produzca bienes supuestamente más baratos. Algo similar se busca con CFE, y por ello la necesidad de modificar la Constitución.

El proyecto camina a contrapelo de las tendencias que promueven energías limpias, aprovechar desarrollos tecnológicos de otras empresas en el mundo, la capacidad de la iniciativa privada de ofrecer modelos de eficiencia productiva y la internacionalización de mercados.

Pero si es lo que quiere el gobierno, llama la atención el descuido y la desorganización con la que avanza la construcción de la nueva refinería. De repente aparece una problemática que no parecía estar prevista y que, por lo pronto, detuvo la construcción un par de días: los conflictos sindicales. Lo que olvidan es que el modelo que promueve ya imperó en buena parte del siglo XX, y entonces las grandes empresas del Estado estuvieron acompañadas por un sindicalismo colaborativo, controlado por los gobiernos, pero muy combativo que obtuvo grandes prestaciones. Esa mancuerna hizo que los sindicatos nacionales de industria y corporaciones como la CTM adquirieran grandes cuotas de poder amparados por el PRI.

Hoy las cosas son diferentes. En Dos Bocas existe una lucha por el control de los contratos colectivos de los trabajadores que participan en la construcción. El conflicto generó protestas lo cual requirió la participación de la Marina y de la Secretaría de Seguridad de Tabasco, con balas de goma y gases lacrimógenos. Dos organizaciones salieron a combatir: la CTM y la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM).

La lucha por la plaza representa una importante puerta para extender la fuerza sindical en este tipo de actividades. Por eso resulta sorprendente que en una obra de importancia para el gobierno no exista una estrategia laboral novedosa. Manuel Fuentes, en La Silla Rota, describe el conjunto de anomalías en la contratación de los trabajadores por parte de la empresa ICAFluor, entre las que destacan diferencias de salarios, desorden para las horas de comidas y múltiples faltas de pagos por las horas extras. Mientras, los trabajadores parecen desconocer quiénes son sus representantes sindicales y sólo ven reducidos sus ingresos por el pago de cuotas.

El Presidente reconoció el conflicto sindical en una mañanera, pero, ¿Quién está a cargo? ¿Qué debe de hacer la Secretaría del Trabajo? ¿Cuál es la responsabilidad de la empresa? Lo único que destacó fue la actuación policiaca. Ante los acontecimientos, valdría la pena preguntarse sobre la salud sindical y laboral en las empresas responsables, incluida la CFE, por ejemplo.

POR ARTURO SÁNCHEZ GUTIÉRREZ
PROF. INV. ESCUELA DE CIENCIAS SOCIALES Y GOBIERNO DEL TEC DE MONTERREY
@ARTUROSANCHEZG

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