TRES EN RAYA

López Obrador al habla

De otra forma solo irá a pasar vergüenzas y a que, luego de su participación, lo llamen hipócrita

OPINIÓN

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Verónica Malo Guzmán / Tres en Raya / Opinión El Heraldo de México

López Obrador irá a Nueva York este 9 de noviembre en razón de que México asumirá la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU. La presidencia de dicho Consejo se va rotando entre sus miembros (permanentes y no permanentes, este último es el caso de nuestro país), y a esa ceremonia suele asistir el jefe de Estado de la nación que en determinado periodo lo presidirá.

Bien por Marcelo Ebrard y por Juan Ramón De la Fuente, embajador de México ante las Naciones Unidas, quienes convencieron a nuestro primer mandatario de que asistiera e haciera un mínimo acto de presencia a nivel internacional. Tache, no obstante, por no haberle explicado que el seno del Consejo de Seguridad no es espacio propicio para “hablar de lo que considero el principal problema del mundo: la corrupción que produce desigualdad”.

Pero ya que se ha empecinado en abordar dicha temática, supongo que impartirá cátedra sobre la corrupción que campea actualmente en nuestro país bajo el sello de la Cuarta Transformación. De otra forma solo irá a pasar vergüenzas y a que, luego de su participación, lo llamen hipócrita.

Porque su receta mágica, la de la  “honestidad valiente”, 90% de honestidad y 10% de capacidad, ha resultado ser todo menos maravillosa. Ha servido, sí, de retórica y de justificante mentiroso, pero para hacer frente a la corrupción no ha tenido efecto alguno. De hecho, la corrupción no solo no ha disminuido en estos pasados tres años en México, sino que se ha incrementado.

México ocupa el lugar 135 de 139 entre las naciones más corruptas del orbe, de acuerdo a la clasificación del World Justice Project (WJP); desde 2018, México ha empeorado 18 posiciones.

En el Índice Global de Estado de Derecho tiene 8 indicadores que son analizados por el WJP, y ahí México sobresale en “presencia de corrupción”; con solo decirles que nuestra nación fue la peor evaluada de toda América Latina.

Por lo visto al ex presidente Enrique Peña Nieto, a quien no pocos tildaban de obtuso, tuvo razón al decir que la corrupción en México es cultural y permea cualquier andamiaje político del país.

Queda desacreditado el “no mentir, no robar” del primer mandatario mexicano, pues el gobierno encabezado por él, en lugar de cumplir con su promesa, ha logrado aumentar la corrupción en nuestro país. López Obrador sencillamente no termina de barrer la corrupción, o sí, pero solo para empolvar bastante más cada peldaño.

Tal vez Andrés Manuel quiera dar clases en Naciones Unidos en materia de sus familiares ligados a la firma de contratos públicos o, bien, al respecto de cómo recibir aportaciones sin rendir cuentas al fisco.

Podría compartir la lección sobre cómo miembros de un gobierno pueden obtener cuantiosos bienes muebles e inmuebles a partir de sueldos burocráticos, bajo la llamada política de “austeridad republicana”.

La clase magistral podría ser explicar cómo el criminal confeso, Emilio Lozoya Austin, no sufre siquiera de arresto domiciliario, mientras que personas inocentes como Alejandra Cuevas continúan recluidas en la cárcel por la sola voluntad del fiscal.

Si se lo propone, hay otras formas en las que el presidente AMLO puede dejar constancia a la comunidad internacional de la corrupción que campea a sus anchas en México, como es el tener a personas sin capacidad desempeñando diversos puestos. Desde un ingeniero agrónomo en Pemex, pasando por una periodista en Seguridad Pública, una diseñadora de modas como subdirectora de Desarrollo e Innovación Científica en el Conacyt, una representante con nulo tacto y decoro como Cónsul en Estambul, o a un impresentable como director de la Comisión Federal de Electricidad.

Debería hablar también de los programas de política social implementados por la 4T, los cuales han logrado generar más pobres en lugar de disminuir el número, sin olvidar que carecieron de reglas de operación durante más de un año, o sobre la desaparición y el robo de los recursos del FONDEN y demás fideicomisos hace ya más de un año, pretextando la presencia de prácticas de corrupción sin que a la fecha esta se haya probado.

Pero ciertamente, la más trágica muestra de corrupción es comparar la corrupción con “la peste llamada Covid-19”, pero tener a un merolico como estratega para enfrentar este virus, y quien ha llevado a México al 4º lugar en el mundo con mayor número de muertos.

Andrés Manuel dice que él no es corrupto; lo repite como mantra, mas eso no lo hace cierto. Me apena contrariarlo: él permite la corrupción en todos los rubros, formas y tamaños posibles en su gobierno, y ahora estará al habla en una semanas ante el mundo entero.

POR VERÓNICA MALO
VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM
@MALOGUZMANVERO

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