SALTO CUÁNTICO

El surreal Xilitla

Construido en 1557, el exconvento de San Agustín es considerado la primera iglesia instaurada en el estado de San Luis Potosí, además de que fue utilizado como fuerte durante la época revolucionaria

OPINIÓN

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Karina Álvarez / Salto Cuántico / Opinión El Heraldo de México

Para llegar a Xilitla hay que cruzar buena parte de la Sierra Gorda de Querétaro y de la Sierra Madre Oriental. La mitad del trayecto –tres horas y media– está entre curvas que no acaban y peñascos que pareciera que se está en lo más alto, aunque se ubica a sólo 600 metros sobre el nivel del mar.

El municipio Pinal de Amoles marca la llegada a la urbanización. Luego de manejar casi en solitario por la serranía, cuando menos lo esperas estás en Xilitla. Para llegar al centro hay que subir algunas pendientes, el pueblo está construido entre el cerro, su primer cuadro tiene al menos tres niveles de la carretera cuesta arriba.

Se podría calificar de laberíntico aquel lugar. Su arquitectura no es pintoresca, de cierta forma se ve apagado, la mayoría de sus casas son del color del cemento; pero en el centro de la plaza el exconvento de San Agustín, que a primera vista parece más alhóndiga que iglesia, muestra una parte de la gran historia que engloba este espacio.

Construido en 1557, el exconvento de San Agustín es considerado la primera iglesia instaurada en el estado de San Luis Potosí, además de que fue utilizado como fuerte durante la época revolucionaria.

Xilitla forma parte de la huasteca potosina, turísticamente, además del exconvento, es reconocido por sus fosas de agua, nacimientos de ríos, su café y la cueva del salitre, entre otras hermosuras naturales, sin embargo, hay un lugar que hace que todo tenga más sentido: el Jardín Surrealista.

A finales de 1940 el escocés Edward James llegó a este lugar en búsqueda de un espacio para que crear algo. Encontró 150 hectáreas llenas de pozas de agua y naturaleza, y gracias a un testaferro xilitlense logró comprarlas para construir lo que es su mente se creaba.

Torres con símbolos incomprensibles, escaleras que no llevan a ningún lado, puertas hacia árboles o espacios naturales, puentes, chimeneas que no prenden, la casa de los tres pisos que podrían ser cinco, el jardín de lis, el jardín de las orquídeas, el de los ocelotes, el de los venados, las jaulas para los pericos, la jaula de la boa, etcétera, etcétera..., es sólo una pequeña parte de lo que hay ahí dentro.

“Es el subconsciente adherido a la simbiosis de la naturaleza”, explicaba una visitante. 

James era una persona que quería perpetuar la belleza de la naturaleza por sí misma y que en algún momento de que se viera extinta la vida se mantuvieran los vestigios de lo que fue.

El jardín surrealista es una obra de arte. Entrar en él es como meterse a la pintura: sus colores, paisajes, especies de animales, sonidos, son una provocación a los instintos más sensibles.

“Hasta puede llegar a lo absurdo, pero hay una ilación dentro de cada sección. Un sentido dentro del sinsentido; el surrealismo permite muchos juegos mentales”, comentaban los visitantes.

Pero el surrealismo no sólo está presente en el jardín, también se vive en todo el pueblo de Xilitla. Entre la comunidad hay varias construcciones que se pueden observar desde distintos puntos de la ciudad en las que se continúa con el legado de James, son esas estructuras sin sentido las que inyectan de un misticismo sinigual que hacen de este lugar un nuevo mundo para conocer.

POR KARINA ÁLVAREZ
K.ALVAREZ.ROSAS@GMAIL.COM
@KAFARK84

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