CAMPUS

Pareces de exportación

Las decisiones en las salas de juntas del gobierno se toman con base en prejuicios presidenciales y dichos de quienes conforman su círculo cercano

OPINIÓN

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Alejandro Echegaray / Campus / Opinión El Heraldo de México

Además de balar en sus conferencias matutinas, el presidente López Obrador también comparte sus planes y hace al pueblo de México partícipe de sus sueños y aspiraciones. Recientemente anticipó que presumirá en la ONU su plan de transformación con la intención de exportar al mundo el modelo de políticas públicas de su administración.  ¿Pero cuál puede ser la verdadera aportación del obradorismo al desarrollo? Examinemos los hechos, como le gusta al titular del ejecutivo. 

En materia de seguridad, la política de abrazos y no balazos ha generado un espiral homicida de alrededor de 73,000 asesinatos dolosos, es decir, 140% más muertos que en toda la administración del expresidente Calderón. También han aumentado los feminicidios y las ejecuciones del crimen organizado: “Ahí están las masacres”,  escuchamos decir con sorna al presidente en una de sus mañaneras, mientras arengaba como es cotidiano una crítica a la prensa.

Pero si la seguridad pública no es un logro, ¿qué hay de la promesa de reducir la miseria? Tampoco hay cifras halagüeñas: los datos más recientes del Coneval revelan que más de 10 millones de personas se han sumado a las filas de la pobreza, y en plena pandemia, 16 millones de mexicanas y mexicanos han perdido el acceso a servicios de salud. El “primero los pobres” se tradujo en “primero más pobres”.

Con más de 600 mil muertes por COVID, México es considerado uno de los países con peor gestión de la pandemia. Después de casi nueve meses de haber iniciado la campaña de vacunación, el avance no alcanza ni a 40% de la población. El desabasto de medicamentos se ha agravado en prácticamente todo el sistema de salud pública. Los pacientes que más lo han padecido son psiquiátricos y enfermos con cáncer.

En la agenda económica, el PIB cayó desde 2019, antes de la pandemia. Y en el mejor de los casos el presidente entregará en 2024 una economía que apenas recupere los niveles de producción de 2018. Se ha disminuido la IED y se sospecha que el aumento en remesas está vinculado al uso que el crimen organizado hace del sistema financiero. En 2019 y 2020 salieron del país más de 327 mil millones de pesos.

Finalmente, la gran batalla contra la corrupción que decía encabezar el presidente tampoco tiene cifras que puedan presumirse en la asamblea general de las Naciones Unidas: la corrupción aumentó en el país, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Impacto y Calidad Gubernamental del INEGI. Hubo más víctimas de corrupción en el gobierno encabezado por AMLO en 2019, que en la medición previa de Peña Nieto en 2017. Las únicas cifras que reflejan avance son de percepción, pero en los hechos, los mexicanos revelan perder más recursos ante la corrupción.

Mientras el mundo desarrollado y la política de ayuda internacional promueven las políticas públicas basadas en evidencia, el presidente de México afirma que gobernar “no tiene ciencia”, que “no se necesitan técnicos” y que él tiene “otros datos”. Las decisiones públicas en las salas de juntas de todo el gobierno se toman con base en los prejuicios presidenciales, anécdotas y dichos de quienes conforman su círculo cercano y no en las alternativas legales y financieras más firmes y sostenibles. Tal vez eso pueda presumir el presidente: de nuevo, ha sometido a la burocracia a los designios y caprichos de una persona. A contracorriente del mundo entero, en México la evidencia empírica y los datos son secundarios.

POR ALEJANDRO ECHEGARAY
POLITÓLOGO
@AECHEGARAY1

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