LA ENCERRONA

La buena vecindad

“El diálogo entre México y Estados Unidos llega en un momento en el que las amenazas del siglo XXI son cada vez más complejas y no entienden de fronteras”. Antony Blinken

OPINIÓN

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Adriana Sarur / La Encerrona / Opinión El Heraldo de México

El 27 de septiembre se conmemoraron los 200 años de la conclusión de la guerra de Independencia de México respecto a España, por ende el comienzo de una nación soberana en los albores del siglo XIX, donde había cantidad de cuestionamientos sin resolver. El no reconocimiento de iure por las potencias europeas y por la Santa Sede, un país con crisis de identidad, económicas, conformación territorial e incluso de forma de gobierno (monarquía o república) eran las problemáticas con las que se enfrentó.

Dentro del continente se pensó que, en las también nuevas naciones, por compartir cultura, lengua o tradiciones la aceptación mutua sería tersa; al igual que con el vecino del norte quien ya era un territorio independiente cuatro décadas atrás y con el que se compartía una frontera común, se asumió que la aceptación y relación resultaría sencilla, sin embargo los intereses particulares y pragmáticos de Estados Unidos y su presidente Monroe no lo permitieron, sin embargo fue el comienzo de las relaciones bilaterales (30 de noviembre de 1821 con la carta de Herrera a Adams) entre México y Estados Unidos, la más importante para nuestro país hasta la actualidad.

En este sentido y ya en el siglo XX, las relaciones bilaterales entre estas naciones se han desenvuelto en un halo de no intervención a políticas internas, respeto y cooperación, empero bajo la percepción de asimetrías de poder (económico, político y, en momentos, militar) y atendiendo las dinámicas, intereses y prioridades de cada una de las naciones. Es decir, desde hace décadas, para Estados Unidos la seguridad en su frontera sur es primordial, así como la mantener la -relativa- estabilidad económica y política de nuestro país para no preocuparse por la migración exacerbada o un estallamiento beligerante en su “patio trasero”, como alguna vez lo nombró Fox.

Por la parte mexicana, la relación con Washington es de vital importancia en casi todos los ámbitos. Desde la visión económica no solo es el tratado comercial que México tiene a nivel internacional, también la generación de remesas ahora es un pilar fundamental para el PIB mexicano; el flujo de productos y de personas a través de los más de tres mil kilómetros de frontera compartida, hacen que sea la garita con mayor movimiento a nivel mundial; las raíces culturales que se han fortalecido y arraigado en los estados fronterizos de ambas naciones es otra muestra de la interrelación profunda que se sigue construyendo de manera binacional; la esfera de seguridad es un tema profundamente compartido.

Como se puede observar, las relaciones y agenda bilateral entre Estados Unidos y México siguen y seguirán en el mismo tenor durante algún tiempo más. En las actuales administraciones, los inquilinos tanto desde Palacio Nacional como de la Casa Blanca, tienen puestos sus intereses y prioridades en estos temas (economía, migración y seguridad), sumado al de salud, debido a la pandemia. Aunque Joe Biden ha dejado claro que la relación con México no es la preocupación principal de su gobierno, mantendrá la intercomunicación constante a través de la Vicepresidenta Harris y los secretarios de Estado con sus pares mexicanos y con el Canciller Ebrard para dar solución a las distintas problemáticas y mantener la estabilidad regional. 

POR ADRIANA SARUR
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