TRES EN RAYA

La guerra de AMLO, igual de mortal e inmoral

Dicen que 'lo que te choca te checa'. López Obrador debería tomarlo en cuenta ya que copia a su némesis, ese al que considera el "culpable" de todo lo malo que ocurre en el país. Me refiero a Felipe Calderón

OPINIÓN

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Verónica Malo Guzmán / Tres en Raya / Opinión El Heraldo de México

Dicen que 'lo que te choca te checa'. López Obrador debería tomarlo en cuenta ya que copia a su némesis, ese al que considera el "culpable" de todo lo malo que ocurre en el país. Me refiero a Felipe Calderón.

Lo ha criticado por muchas cosas, entre ellas por cómo sacó a los militares de sus cuarteles y los puso en las calles. Tan es así que AMLO prometió devolveros a sus espacios y funciones, si bien ha hecho todo lo contrario militarizando hasta lo indecible. Lo poco que funciona en la 4T se debe sin lugar a dudas a las Fuerzas Armadas, aunque muchas de sus tareas invaden la esfera de lo civil y se han prendido las alarmas.

Pero para variar me estoy desviando. AMLO se parece también al ex presidente —y mucho— en empecinarse con mantener una, otra, guerra soterrada. Hay miles y miles de víctimas; pero al igual que el michoacano, el ejecutivo federal de ahora no entiende por qué se le cuestiona.

Cuando Calderón le declaró la guerra al narco, no se le criticó tanto por ello, como por no tener una estrategia clara y pensada que contemplara una economía que sustituiría la gran actividad que significa el narcotráfico. El panista no entendió a cabalidad el funcionamiento de este; el narco no solo exporta, también comercia dentro de nuestro país…

La guerra de López Obrador, la de combatir la corrupción o el agandalle (lo cual es loable y tal vez la razón por la que tantos mexicanos votaron por él) ha caído en el mismo error. Carece de una estrategia adecuada y por ello ha resultado igual de mortal.

Y no me refiero a la Seguridad Pública y los “abrazos, no balazos”, sino al combate que ha hecho la 4T de productores, comercializadores y distribuidores de medicamentos y material médico en todo el país.

No creo que nadie le haya cuestionado al presidente AMLO la intención de mejorar precios, calidad y abastecimiento, pero desmantelar todo el sistema de compra y distribución de medicinas (aduciendo supuestos actos de corrupción y distorsiones de mercado), sin asegurar mecanismos alternos, solo se ha traducido en víctimas doblemente desvalidas: están enfermas y dependen de un gobierno que no les está garantizando el acceso a la salud.

Igual que cuando a Calderón no se le cuestionó su enfrentamiento al narco, pero sí su ausencia de estrategia, lo mismo sucede ahora con la Cuarta Transformación. El resultado: era necesario haber comprado a estas alturas 1,514 millones de piezas de medicamentos para cubrir la demanda de este año. Solo 444 millones fueron adquiridos, esto es, 29.3% del total global.

Pero ahí no termina esta tragedia. De ellos, solo se han repartido al momento 108 millones, es decir, el 6.8% del total de medicamentos que se requerían. Sé que no solo a mí resulta escalofriante esta realidad; ella es, sin duda alguna, la guerra fallida de López Obrador.

La derrota tiene un costo implícito que, al igual que la guerra de Calderón contra el crimen organizado, no se mide en dinero; se contabiliza en muertes y sueños truncados. En personas que han perdido la lucha contra las enfermedades o quienes, por no tener sus medicinas a tiempo, tendrán complicaciones de por vida.

La guerra de Andrés Manuel es mucho peor que la de Felipe ya que este último no tuvo 18 años para preparar la estrategia. Tampoco tuvo legitimidad electoral para ponerla en marcha (de hecho, muchos dicen que precisamente pensaba que con la guerra al narco la conseguiría). El tabasqueño tuvo todo el apoyo desde el principio de su mandato y ha hecho lo que ha hecho por obcecado, por necio y por resentido. Él sí contaba con la legitimidad suficiente para llevar a cabo cambios en beneficio de la población, pero le ganó el desconocimiento, el nepotismo y su obstinada creencia de que todo se arregla con solo desearlo.

POR VERÓNICA MALO
VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM
@MALOGUZMANVERO

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