El equilibrio en el Sáhara

Un conflicto arraigado y decisiones intempestivas se suman al entorno complejo y frágil del Magreb

El equilibrio en el Sáhara
Marta Tawil / Agenda Levantina / Opinión El Heraldo de México

Hace una semana, el presidente estadounidense Donald Trump reconoció por decreto la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, a cambio del compromiso de Rabat de normalizar sus relaciones con Israel. Con ello, rompió la tradición de la política estadounidense de no reconocer ni la soberanía de Marruecos, ni la de la República Árabe Saharaui Democrática (rasd) durante varias décadas. 

Ahora, Marruecos es el cuarto país de Medio Oriente y África del Norte en llegar a un acuerdo de este tipo en 2020, junto a Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Sudán. Al igual que ellos, Marruecos había mantenido relaciones durante décadas, aunque con menos complejos. De hecho, Israel en la década de 1990 llegó a instalar una oficina de representación en Rabat. A diferencia de las monarquías del Golfo, los vínculos culturales entre Marruecos e Israel son atávicos. Esta formalización de relaciones abre perspectivas a la economía marroquí, pero sobre todo allana el camino a la cooperación militar. 

La mayor parte de la comunidad internacional no reconoce el control de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y las Naciones Unidas lo consideran un territorio no autónomo. Su secretario General continúa apoyando una solución en línea con las resoluciones del Consejo de Seguridad sobre el tema, incluida la extensión de octubre del mandato de mantenimiento de la paz de la ONU en el Sáhara Occidental (minurso), en la que México participa. 

Marruecos, que controla más de dos tercios de este vasto territorio cuyas riquezas (como las minas de fosfato) explota, propone un plan de autonomía limitado bajo su soberanía, mientras que el Frente Polisario y la vecina Argelia exigen un referéndum de autodeterminación organizado por la ONU

Frente a estas tensiones, parece difícil vislumbrar un vencedor definitivo, aunque Marruecos se impone como la parte más fuerte. Ha logrado resistir todas las presiones internacionales gracias a Francia, principal aliado en la escena internacional, como miembro permanente del Consejo de Seguridad. La razón es que tanto para París como para Madrid, Rabat se ofrece como un aliado estratégico por razones migratorias, de terrorismo, seguridad y comerciales. 

En tanto que México es uno de los pocos países latinoamericanos que desde 1979 reconoce como Estado a la rasd, la embajada de esta república ha expresado su expectativa de que nuestro país aproveche su asiento en el Consejo de Seguridad en 2021-2022 para buscar una paz definitiva, que para los saharauis significa la salida del Reino de Marruecos del Sáhara. Se trata de un asunto distante sobre el que, listos o no, México tendrá voz. En la perspectiva de la diplomacia mexicana, el tema exigirá creatividad y requerirá valorar complejos equilibrios con Estados Unidos y Europa, más, en última instancia, será la posibilidad de colaborar a la apertura del escenario arduo de la paz.

POR MARTA TAWIL
*INVESTIGADORA DE EL COLMEX  

 


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