FEMINISTAS

Sandra tiene 11 meses desaparecida; familiares acusan lentitud de autoridades

Familiares aseguran que las autoridades actuaron con lentitud; el presunto responsable, prófugo

NACIONAL

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PROTESTA. En varias ciudades del país, grupos de mujeres salieron a las calles para demandar castigo para los feminicidas. Foto: Carlos Navarrete

A Sandra la vieron por última vez la madrugada del 15 de diciembre de 2019. Una pareja de amigos estaba con ella y Eduardo, con quien vivía, en una casa rentada en el barrio Los Nogales, en Ixmiquilpan, Hidalgo.  

El alcohol hizo lo suyo cuando pasaron las horas. Eduardo se llenó de coraje contra ella. Discutían. Eran entre la una y dos de la mañana. Los amigos prefirieron irse, incómodos por la violencia verbal que se extendía. Desde entonces ella no aparece.  

Al día siguiente había sangre aparentemente fresca: marcaba una ruta de la entrada de la casa al piso de la calle y, de ahí, a la cajuela del Chevrolet Chevy de Eduardo. Pero los peritos, en ese momento, dijeron que era necesario corroborar que se tratara de sangre humana y, posteriormente, que fuera de Sandra. Cuando, después de desestimar en un inicio el posible conocimiento o responsabilidad de Eduardo en el caso, tipificado como desaparición forzada, intentaron buscarlo, ya no fue posible encontrarlo, como hasta ahora.  

¿Cuántos desaparecidos hay en Hidalgo? Es una pregunta que se ha hecho la oposición al gobierno en turno en el Congreso local, que ha requerido un informe preciso a la Procuraduría, aún no entregado. Los pocos datos oficiales dados a conocer discrepan con los de asociaciones de la sociedad civil

En su comparecencia, como parte de la glosa del cuarto informe, el secretario de Gobierno, Simón Vargas, dijo que se han presentado 167 casos de personas desaparecidas o no localizadas, de las cuales 107 habían sido localizadas, 12 sin vida. Sonrisas Perdidas, que ofrece acompañamiento a familias y ha visibilizado casos no atendidos por las autoridades, tiene otros datos: sólo en 2020, 227 reportes: 152 localizados con vida, 21 sin vida y 54 siguen sin localizar.   

 

“Eduardo ya estaba muy tomado. Se puso muy agresivo. Empezaron a insultarse y, pues, esta pareja que estaba con ellos se sintió incómoda y se fue. Se quedó Eduardo con mi hermana, discutiendo, peleando... Para el otro día, nosotros ya no supimos nada”, recuerda Araceli Pérez Martínez, hermana de Sandra. Ha reconstruido la historia con los testimonios que integran la carpeta de investigación, en la que, asegura, Eduardo nunca declaró.  

RECLAMO. Han hecho marchas en Ixmiquilpan. Foto: Especial

“Empezamos a buscarla, a llamar a amigos, a conocidos, para ver si la habían visto, porque no era la primera vez que la golpeaba. Entonces, al no tener respuesta positiva, para en la noche fuimos al Ministerio Público a levantar el acta de desaparición”. 

En el transcurso de aquel domingo 15 de diciembre se dieron cuenta que, en la camioneta de Sandra, estacionada afuera de su casa, había sangre en la placa, que se extendía a la calle. 

“Al otro día fueron los peritos, entraron a la casa, vieron que había más sangre, en la cama, en un tocador, en los muebles, en la entrada, y de ahí se fueron también a un carro que él tenía, un Chevy. Como el perito de cerrajería no estaba disponible ese día, se llevaron el auto. El MP lo abre al siguiente día y ven que hay más sangre, cabellos en la cajuela"... 

Por esa evidencia inició la investigación, sin embargo, la hermana de Sandra asegura que el Ministerio Público nunca requirió al posible responsable; no hubo orden de presentación, ni llamado a declarar. El actuar de las autoridades desde entonces les pareció omiso y, principalmente, sospechoso.  

Los hijos de Eduardo sí se presentaron. Ellos declararon que habían ido a un viaje a Valle de Bravo con su papá y que al regresar él les pidió que lo dejaran en la central camionera de la Ciudad de México. Desde ese momento, afirmaron, no supieron más. Hasta la fecha no lo han vuelto a ver.  

“A raíz de eso nosotros empezamos a hacer marchas en Ixmiquilpan. Nos citan allá en Pachuca, nos vemos en el C5 y nos muestran un video en el que se ve a Eduardo en la madrugada. Nosotros después empezamos a buscar más videos de negocios cercanos y les mostramos un video donde se veía que él pasaba en otro horario, pero el C5 dijo que no era su carro, que era otro, y nunca nos mostraron más videos”.  

Para la familia, esta negación de posibles pruebas puede estar relacionado con que un hijo de Eduardo trabaja en el C5 estatal. “Entonces, varias personas nos dijeron que se borraron videos, que no mostraron todo lo que tenían, y en el expediente sólo existe un video, no más”.  

Por la sangre que hallaron en la casa y en el carro tardaron mucho en sacar una orden para analizar, afirma Araceli. 

“Todo eso nos los vinieron dando casi hasta febrero, y eso porque estuvimos pidieron los resultados, porque primero nos dijeron que tenían que analizar que fuera sangre humana y, después, que fuera de mi hermana.  

“Hemos batallado mucho con las autoridades. En ese tiempo también trabajaba una de las tías de los hijos de esta persona ahí en gobierno, entonces todos los trámites los hacían muy lentos".  

 

La lentitud con la que avanzaba, casi a paso imperceptible, la investigación sobre Sandra, no era lo único a lo que debían enfrentarse: “A cada rato cambiaba de personal y era volver a empezar. Las autoridades nos decían que no tenían nada. De hecho, lo que tiene el expediente que está en Pachuca es por nuestra investigación, porque realmente nunca han investigado nada ellos". 

Ahora, aunque hay una orden de aprehensión, la familia considera que las autoridades no hacen nada por buscarlo y detenerlo, aunque “es el único que sabe qué hizo con mi hermana, porque la golpeó y la encajueló en su carro y, pues, no sabemos a dónde la llevó”.  

Sandra siempre dejaba a su hija menor, de ocho años, con su mamá los fines de semana. Tanto los tres hijos de Eduardo como los tres de ella eran de matrimonios diferentes.  

Sandra tenía un negocio de venta de mesas, carpas y sillas de plástico. Él se autodenomina ganadero y decía que tenía reses en Tampico, con un compadre.  Se conocieron en una fiesta de familiares en común, en unos XV años, hace tres años.  

Ese fin de semana, como todos, Sandra dejó a su hija y, como siempre iba por ella temprano, cuando dieron las 11 de la mañana su mamá empezó a llamar a la familia porque no llegaba.  

“Es que no contesta su celular y nos manda a buzón", les dijo, preocupada.  

La hija mayor de Sandra fue a buscar a su mamá, pero no la encontró, sólo estaba la camioneta. Ella no iba a ningún lado sin su vehículo, remarca su hermana.  

“Fuimos mi sobrina, mi hermana y yo varias veces a su casa a tocar y ya en la tarde, cuando no sabíamos nada de ella, mi sobrina se brincó y fue cuando nos dijo que adentro no había nadie, pero nunca se percató de la sangre ni de nada, porque sólo entró a ver si había a alguien.  

“Nosotros nos entendemos de la sangre hasta el otro día cuando entró el perito. Como no era la primera vez que la golpeaba, nosotros sí pensamos: algo le hizo”. 

Araceli dice que aun con agresiones previas Sandra nunca inició una carpeta de investigación. Una vez lo pretendía hacer, pero, contó su hermana, se retractó. “Tenía mucho miedo de lo que le pudiera hacer”.  

Los amigos que estaban con Sandra y Eduardo declararon ante el Ministerio Público que llegaron entre las nueve y 10 de la noche, cuando empezaron a convivir. 

Antes de esa hora, Araceli y Sandra habían estado juntas. Comieron en un restaurante-bar también de Ixmiquilpan. Por eso, afirma que Sandra tenía planes de dejar a Eduardo, porque era agresivo. “La penúltima vez la golpeó también la dejó muy lastimada, también le golpeó la cabeza y le hicieron estudios”.  

La última vez que le dijo que dejaría a su pareja fue ese mismo día, en el que perdieron el rastro de ella.  

“Yo comí con ella y ese día me comentó: ‘ya tengo la casa, nada más que la desocupe el señor, me la entrega y voy a necesitar que me ayuden con la mudanza’”. Era una casa a la que ella se mudaría ya sin Eduardo. Eran las seis de la tarde.  

A Eduardo, dice Araceli, la mamá de sus hijos lo dejó por violento. “Le daba unas muy fuertes golpizas. Hay mucha gente que lo conoce y sabe que es muy agresivo, y la mamá de sus hijos precisamente por eso lo dejó”. 

Cerca de donde la pareja vivía hay un río, canales, milpas. Ahí buscaron a Sandra al principio, pero después no hubo más rutas de investigación. 

Cuando todo sucedió, y comenzaron a verse los primeros posibles hallazgos que permitieran esclarecer el caso, las autoridades no actuaron contra Eduardo, porque, le dijeron no se podía hacer nada si no libraba una orden de aprehensión. La familia también reclama que fueron omisos no sólo para buscar el testimonio de la última persona que estuvo con Sandra, sino al menoscabar la sangre y los cabellos hallados, con su reacción tardía.  

Cuando hubo un orden contra Eduardo a finales de enero de 2020, como presunto responsable de desaparición forzada de Sandra Pérez Martínez, ya no lo localizaron. Desde la última vez que se vio a la víctima han pasado 11 meses.

Por  Áxel Chávez