GIORGIO VASARI

Frenar y enmendar: las mujeres artistas y su invisibilización

Lejos de restarles méritos, es necesario reconocer los retos que estas enfrentaron

CULTURA

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ANA MENDIETA (1948-1985). Alma. Silueta en fuego (1975). Cortesía: Malba

En Occidente, la Historia del Arte ha insistido en hablar sobre la mujer como inspiración, antes que como creadora. En el Renacimiento, Giorgio Vasari, entre otros, se encargó de separar al artesano del artista, y de plasmar las palabras que más tarde identificarían a estos últimos como grandes genios, y su producción, no otra cosa que obras maestras. Giotto, Donatello, Botticelli, Leonardo da Vinci, o Rafael son tan sólo algunos nombres más destacados de Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos, recopilación biográfica a cargo de Vasari, en la que apenas mencionó un par de nombres femeninos. Aquellas mujeres que se aventuraron a incursionar en un mundo dominado por hombres, o eran religiosas o hijas de artistas. Es tiempo de enunciarlas.

Catalina Vigri y Plautilla Nelli fueron dos mujeres que ayudaron a replantear la figura de la artista; desde joven, Catalina tuvo un amplio acceso a las artes liberales; al inclinarse a la vida conventual, se le permitió continuar con la elaboración de miniaturas y después produciendo piezas más soberbias. Plautilla, en cambio, no contó con formación plástica, aproximándose al arte devocional de forma autodidacta. Ambas monjas influyeron en artistas como Artemisia Gentileschi y Elisabetta Sirani, promotoras del Barroco. La obra de Artemisia se caracteria por el uso de escenas violentas en las que plasmó sus propias experiencias de abuso y violación sexual. Elisabetta, cuyas pinturas tuvieron un rotundo éxito, fundó una academia de arte para mujeres.

NAN GOLDIN (1953). El abrazo, Nueva York (1980). Cortesía: Nan Goldin Studio.

Dando un amplio salto del Barroco hasta el arte moderno y las vanguardias, sobresalen figuras como Berthe Morrisot y Eva González en el impresionismo, Natalia Goncharova en el futurismo y rayonismo, Hannah Höch y Beatrice Wood en el dadaísmo, Leonora Carrington y Remedios Varo en el surrealismo, el art déco de Tamara de Lempicka, o Lygia Pape en el arte concreto; mujeres como Frida Kahlo se resistieron a las taxonomías de la Historia del arte y cuesta trabajo categorizarlas en un estilo específico.

El arte feminista, el performance, y el arte conceptual —con representantes como Barbara Kruger, Cindy Sherman, Patti Smith, Yoko Ono, Ana Mendieta, Marina Abramović, Guerrilla Girls, Nan Goldin, Helen Escobedo o Tania Bruguera— se han vuelto facilitadores de posibilidades infinitas en la experimentación plástica, narrativa y temática.

El arte contemporáneo promete saldar la deuda histórica a la que las mujeres han sido sometidas, y más allá de enfocarse en una búsqueda por ser sus propias musas, estas artistas se esfuerzan en desmentir el mito que las condiciona a ser llamadas mujeres artistas, en vez de artistas.

Por María Fernanda Abaroa

avh